La elección más fácil

Si nuestras prioridades están claras, tomar decisiones es más simple

Tomamos decisiones todo el tiempo, incluso, sin percatarnos de ello. Diariamente nos enfrentamos a situaciones en que debemos escoger entre una
variedad de opciones, simples o complejas. Decidimos desde cómo alimentarnos hasta si responder o no un mensaje de texto.

Pese a que son muchas las elecciones que hacemos, muchas son simples e incluso las respondemos automáticamente. ¿Qué sucede, sin embargo, cuando nos
enfrentamos a tomar una decisión consciente frente a dos o más posibilidades? ¿Cómo saber cuál elegir? En mi experiencia, considero que lo mejor es analizar la mejor opción desde nuestras prioridades.

Al tener un propósito claro tomar decisiones se vuelve significativamente más fácil, o al menos, la “opción correcta” resulta más obvia. Cada decisión que
tomamos dice algo sobre quienes somos o qué queremos lograr. No obstante, si nuestras prioridades son difusas, enfrentarse a una variedad de caminos posibles puede resultar abrumador; bajo esa circunstancia, decidir no es sencillo.

Todo lo que elegimos hacer o dejar de hacer irremediablemente nos acerca o nos aleja de cumplir los objetivo que tengamos. Por eso, saber bien qué es lo que
queremos lograr, nos permitirá tomar las decisiones adecuadas para conseguirlo. Pareciera algo muy obvio, pero en la práctica diaria suele olvidarse.

Por eso, la próxima vez que se enfrente a una elección compleja, le propongo que tome la vía introspectiva y se pregunte: “De las opciones que tengo al alcance… ¿Cuál me acerca más a mi propósito de vida?

Es en la constancia donde reside el éxito, por lo tanto, mientras más constantemente tomemos decisiones alineadas a nuestros objetivos, cuanto más
probable es que los consigamos cumplir. Saber elegir implica tomar conciencia de por qué hacemos lo que hacemos y cuando tenemos claro lo que realmente importa para nosotros, esa elección se vuelve significativamente más sencilla de tomar.

 

Por Tamara Kopper