Una apuesta por la coherencia

Hace unos años, entre sobresaltos y contramarchas mi vida estaba en medio de un ciclo de cambios y esos cambios se escribían con “c” de crisis. Por esas fechas renuncié a mi trabajo, sentía que era tiempo de quitarme el óxido de nueve años haciendo lo mismo.

Este texto, sin embargo, no pretende ser anecdótico, es solo que sería ingenuo pensar que es posible separar el ámbito personal del laboral. De la “c” que voy a hablar es otra, es la de la coherencia.

Así pues, para finales del 2013, con los bolsillos llenos de incertidumbre por un lado y la sensación de estarme lanzando al vacío por otro, me aventuré a contrarrestar mi angustiante estado de desempleado con la búsqueda de un nuevo quehacer.

Una cosa se llevó a la otra, vino la reactivación de viejos contactos, vino una entrevista de trabajo, y terminé poco después con un contrato laboral en Próxima. Lo que la intuición me dijo en ese momento es que había llegado a un buen lugar. Lo que la razón me dice hoy es que, ante todo, trabajo para una organización coherente.

¿Qué es ser coherente? Consiste en hacer del discurso y las políticas un hecho real, vivencial, algo que se respalda con acciones. A mí me da un honesto orgullo decir que en Próxima apostamos por un modelo empresarial que procura la sostenibilidad, la ética y la ruptura de paradigmas que nos limitan de encontrar nuevas maneras de hacer las cosas.

Para que quede claro voy a decirlo de esta manera: Próxima es una agencia de Relaciones Públicas que ha tenido la integridad y valentía de decidir no trabajar para empresas del sector automotriz. Lo hace porque considera que el modelo de transporte individualizado no concuerda con una alternativa sostenible en el largo plazo.

No me malinterpreten, consideramos elogiable todo esfuerzo de la industria automovilística por reducir su huella ecológica, como lo es el caso de los autos eléctricos, es solo que no consideramos compatible una flota vehicular creciente con el descongestionamiento vial que requiere el mundo de hoy.

Para Próxima llegar a este punto no solo implicó una decisión política, fue también una decisión económica. Cuando se pone sobre una balanza los pros y contras de una posición que puede costar dinero y la decisión se inclina hacia las convicciones éticas es porque los valores organizacionales se consideran más valiosos que cualquier remuneración económica. Eso es coherencia, como lo es también el hecho de que seamos una empresa carbono neutral, como lo es la circunstancia de que abrazamos iniciativas de reciclaje y estamos siempre dispuestos a dar la milla extra por ellas, como lo es también el gesto de apoyar iniciativas de compostaje y de creer legítimamente en los proyectos de la gente que contribuye a hacer del mundo un mejor lugar para vivir.

Muchas empresas se preguntan hoy cómo lograr la retención de talentos, la fidelidad de clientes o incluso la innovación de sus procesos. Yo les puedo decir que comiencen por ser coherentes con los valores que hacen al mundo más humano, el resto vendrá por añadidura porque nada entraña más potencia de mejora y cambio que cuando el decir, el pensar y el hacer se unen en una sola fuerza renovadora.

– Julián Orozco, Ejecutivo de Prensa