Las palabras como un virus

Me declaro fiel seguidora de las ideas de don Miguel Ruiz y su libro “Los 4 Acuerdos”, basados en la sabiduría tolteca, a tal punto que lo ubico como mi guía en la toma de decisiones cotidianas, mi biblia personal.  

Ruiz ofrece en el libro cuatro pasos fundamentales como una ruta de conducta que no solo nos aleja de situaciones negativas, sino que nos da el sustento para crear lo que él llama el cielo en la Tierra. 

Esos 4 acuerdos son:

  1. Ser impecable con las palabras
  2. No tomarse nada personal
  3. No asumir
  4. Hacer siempre el máximo esfuerzo.

Me detengo hoy en el primero:  Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía correctamente, en la dirección de la verdad y del amor. El poder de las palabras se emplea a menudo de un modo totalmente erróneo; las usamos para maldecir, para culpar, para mentir, contar chismes, reprochar, para destruir.  Las usamos para fomentar el odio entre personas, familias, naciones.  Hacemos un mal uso de las palabras y así es como creamos y perpetuamos el sueño del infierno.  Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los otros y nos mantenemos mutuamente en un estado de miedo y duda.  Miguel Ruiz utiliza la analogía del veneno que podemos inyectar en el otro, cuando no somos impecables con nuestras palabras.

Desde hace varios meses hemos ido aumentando nuestro nivel de conciencia acerca de la poderosa interconexión entre los seres humanos; un virus viajó en avión y recorrió un mundo que hace pocos meses parecía enorme y diverso, y nos puso a todos los humanos en el mismo nivel de impotencia y vulnerabilidad.   

Parte de los cambios necesarios ha sido el uso generalizado de la mascarilla para protegernos y proteger a los demás del posible contagio del Covid-19, pues está científicamente comprobado que cuando hablamos, tosemos o estornudamos, nuestra saliva viaja en el aire y puede contaminar a otras personas.  Siendo la gran mayoría de la población asintomática, esa barrera física es un escudo que actúa en ambas direcciones y nos convierte en humanos solidarios y protectores.   ¿No sucede lo mismo con las palabras una vez que salen de nuestra boca?  

En momentos de grandes retos y urgentes transformaciones de conciencia, también cuido a los demás cuando soy consciente del poder de mis palabras que, como un virus, pueden dañar al otro, y me cuido de no exponerme ante las personas que usan sus palabras de forma descuidada, venenosa y siembran en mi mente las dudas o el temor.

Para mí, acá hay otra lección en tiempos de pandemia:  Soy impecable con mis palabras, reconozco mi poder personal al cuidarme, cuidar a los demás y sembrar en mis relaciones solamente esperanza y gratitud.

– Karla Chaves Brenes, directora general –