La construcción diaria (de un premio)

La construcción diaria (de un premio)

Ese dicho sobre estar “en el lugar correcto, en el momento correcto” para mí tiene al menos tres formas de verse: cuando efectivamente estoy, cuando estoy en proceso pero no me he dado cuenta y cuando ‘solamente’ lo estoy intentando. Esta semana ha sido especial, otra vez un tren -esta vez en mi camino de regreso a Valencia (donde estoy haciendo la pasantía)- me da la oportunidad de pensar; hace menos de medio día disfrutaba viendo a mi equipo favorito en el estadio y hace apenas dos días celebraba a la distancia un logro conseguido junto a dos colegas y amigas.

En décimo año en el Colegio Salesiano Don Bosco fue la primera vez que tuve una responsabilidad seria para organizar algo. Mi trabajo directo estaba en el área de finanzas (recursos, presupuestos y pagos), pero siempre me interesaba por que lo que estuviera haciendo la ‘Comisión de relaciones públicas’ marchara bien; me preocupaba por las convocatorias con cartas en hojas membretadas, me interesaba mucho repasar todos los detalles antes de un evento y me encantaban los discursos. En aquel entonces pensaba que mi futuro estaría en la ingeniería, más adelante consideré las ciencias económicas, pero finalmente me instalé en la Escuela de Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica.

Antes de eso, una vez, otra amiga me preguntó si sería mejor estudiar primero el énfasis de periodismo o de relaciones públicas. Cuando conversamos sobre los pros y contras de cada posibilidad fue la primera vez que consideré estudiar esta carrera. Si hubiera ingresado antes no habría llevado la primera clase con tres grandes profesores, una de las cuales me confirmó que quería ser relacionista público y con quien ahora trabajo. Durante al menos cuatro años estuve en proceso y desde 2010 empecé a darme cuenta -más en retrospectiva que inmediatamente- de que estoy en el lugar y momento correctos.

Al hacer el primer grupo de trabajo en el primer curso del énfasis valoré varias posibilidades y estoy muy feliz de haber podido integrarme con una amiga a la que todavía no había conocido tanto y con su grupo de excelentes compañeras. Durante casi toda la carrera trabajamos juntos (aprendiendo más de muchas otras profesoras), y al final quedamos tres -Glory, Pame y yo (JPG)-, que el pasado lunes recibimos el Premio de la Comunicación al Estudiante Universitario “Presbítero Armando Alfaro Paniagua” por parte del COLPER en reconocimiento a una estrategia para el Comedor Infantil de Cartago. Otra vez estaba en el momento correcto (aunque a la distancia).

También dicen que si se estudia lo que le gusta, nunca tendrá que ‘trabajar’. Esa sucesión de algunos eventos de mi vida me lo reafirma. Pero la única forma de estar en el lugar correcto en el momento correcto es intentándolo. La construcción del premio es diaria, como un campeonato que se gana partido a partido, desde la primera exposición en que mi futura jefa consideró que podría colaborar en su empresa… desde la primera investigación, las desveladas y las complicaciones que llevaron a JPG a funcionar como un triángulo escaleno: diferentes pero complementarios.

El premio es el trabajo, la oportunidad de aprender para la vida más que para un cliente. El premio es el proyecto del Comedor, poder compartir con señoras y niños que inspiran. El premio es el equipo, de Próxima y de JPG, que implícitamente también se suman para ayudarme a ser el profesional que soy hoy y que seré en el futuro, donde y cuando sea. El premio es la pasantía, poder vivir en España -y apoyar al Barça de vez en cuando en el estadio-, para seguir aprendiendo dentro de un proyecto que me ilusiona y reta.

El otro día conversaba con mi jefe de la pasantía y escuchándome me daba cuenta de la gran cantidad de influencias que me han permitido llegar a este momento: las clases sobre identidad y cultura, sobre planificación y ejecución estratégica, las exposiciones de compañeros sobre temas relacionados como Big Data y mercadeo digital, la experiencia en una empresa que ha alcanzado un nivel de madurez que nos convierte en un Great Place To Work: feliquilibrio, comprofianza, creatibertad… ¡teletrabajo! Soy un embajador (casi literalmente) de la marca Próxima y cuento con recursos teóricos y prácticos gracias al proceso de construcción diaria del que a veces sí y a veces no me he dado cuenta.

Anoche invertí parte de mis ahorros para volver a ver al FC Barcelona en su estadio, por primera vez para un partido de la Liga española de fútbol. No fue una noche mágica (empatamos), pero si lo hubiera sido la única forma de vivirla habría sido estando allí: intentándolo. La Liga, como la vida, es la competición de la regularidad… fue emocionante ver desde una nueva perspectiva cómo cada jugador interpretaba su rol en el equipo y especular si el empate al final del campeonato significará un punto ganado o dos perdidos.

Es hora de bajarme del tren… toca seguir interpretando mi rol en el equipo para intentar sumar puntos siempre; como me dijo un amigo, que en cada partido la generosidad acompañe la capacidad, porque el premio mayor se construye diariamente.

– Javier Ballesteros