Ame los planes que cambian, indica que están vivos

Quienes ya nos acercamos a las cuatro décadas o las superamos, probablemente recordemos alguna que otra tarde viendo en la televisión la serie “Los Magníficos”, traducción del inglés de “A Team”.

En esos tiempos de pantalla gordota y canales de perilla o botonera me encantaba escuchar la frase del personaje Hannibal Smith, protagonizado por George Peppard, diciendo: “me encanta cuando un plan se realiza”. Un habano adosado a su boca lo hacía ver mucho más elocuente, ya que por supuesto, las misiones del equipo siempre cuadraban a la perfección.

La verdad es que la traducción al español resultaba débil porque Hannibal realmente decía: I love it when a plan comes together”, que, haciendo mi interpretación libre, sería algo como: “Adoro cuando en un plan todo calza”. Poderosa frase la de Hannibal a quien de carajillo admiraba porque siempre lograba lo que se proponía.

I love it when a plan comes together.png

Los Magníficos dejaron de producirse en 1987, pero la frase se me quedó. Lo interesante es que Hannibal estaba bastante equivocado y lo que en la televisión era una verdad incuestionable, en la vida real se desbarataba como castillo de naipes, porque aunque los planes son útiles, la magia está en que sus piezas rara vez calzan y son los saltos, contramarchas, ajustes y sorpresas los que realmente configura el alma del cuadro que vas pintando con los colores que se te dan.

Tengo 38 años y he celebrado mi primer día del padre el pasado 18 de junio, mi bebita de dos meses llevaba una camiseta que decía “I love my Dad a lot a lot a lot”, mi esposa me compró un par de sandalias nuevas que ya me hacían mucha falta y recibí una tarjeta hecha a mano en la que decía que mi familia me amaba mucho. Lo mejor de las cosas no son las cosas dice la sabiduría popular. Lo fantástico es que, hace menos de un año, jamás hubiera imaginado que esto me sucedería, tampoco estaba concretamente en un plan, vino porque así es la vida y el cambio es su mayor regalo. Nunca me pensé como papá, ahora no me podría concebir sin serlo.

Dad.jpgTengo la certeza de que las experiencias que enriquecen la vida sean amargas o dulces terminan por convertirnos en seres más agradecidos y capaces de vivir con el cambio como lo único permanente en la existencia. Crear planes nos ayuda a avanzar, a ir de un punto a otro, pero la profundidad que se alcanza en el punto de arribo solo la da la capacidad de exprimir la esencia del presente, el resto es una constante reelaboración del curso, se acerque o no a lo habíamos pensado.

Pequeños gigantes detalles, sin embargo, pueden ayudarnos a vivir con mayor intensidad los caminos que hemos elegido o los que se nos han entregado como regalo. Trabajar desde casa me ha dado la oportunidad de aprovechar ocasiones para sacar a tomar el sol a mi bebé, apoyar las operaciones de baño matinal y vespertino, sacar cólicos en hora de almuerzo, cambiar pañales o simplemente ser un relevo oportuno para que mi esposa se pueda desentender un instante de atender la demandante labor de cuido de una recién nacida.

En corto, teletrabajar me ha dado la oportunidad de vincularme mejor con mi papel de papá; pero visto a profundidad lo que me ha dado es la oportunidad de vivir con una estremecedora intensidad instantes, destellos de presente que de otra forma me hubiera perdido atrapado por la locura del tránsito o encapsulado en un cubículo de oficina.

El teletrabajo, no me da miedo aseverarlo, es probablemente la manifestación más cercana a la libertad de poder cumplir con una jornada laboral sin atenuar un ápice el amoroso aliento de la vida real en el hogar, lo que se queda con vos hasta el final de tus días.

Sí Hannibal, es fantástico cuando un plan se realiza o cuando las piezas llegan a calzar, pero es tanto mejor cuando en el plan sobreviene lo inesperado y tienes la capacidad emocional de aceptarlo y agradecerlo y sobre todo cuando tienes un empleo donde las condiciones prácticas te permiten abrazar la esencia de la vida y disfrutar a plenitud de las personas que amas.

– Julián Orozco